La oscuridad es real.

El dolor es profundo.

Pero tú eres más profunda aún.

En los momentos más difíciles, cuando la noche parece eterna y el silencio es ensordecedor, es fácil perder la noción de quién eres y de lo que eres capaz. La vida te ha golpeado con fuerza, y el impulso es esconderse, escapar, olvidar. Pero en ese olvido, en ese abandono de ti misma, reside el mayor peligro. Porque cuando dejas de creer en ti, cuando dejas de verte como la fuerza que eres, es cuando la oscuridad se vuelve más densa, más pesada.

El peso de la resistencia

Resistir es agotador.

Resistir es lento.

Resistir es el camino hacia la supervivencia, pero no hacia la vida.

La resistencia es necesaria, es un mecanismo de defensa que nos permite enfrentar los obstáculos, superar las adversidades. Pero cuando la resistencia se convierte en el único modo de operar, cuando nos cerramos a nuevas experiencias, a nuevas emociones, a nuevos desafíos, es cuando comenzamos a morir por dentro. La vida es movimiento, es cambio, es crecimiento. Y el crecimiento requiere de apertura, de vulnerabilidad, de disposición a sentir, a explorar, a descubrir.

La resistencia, en su forma más extrema, nos lleva a la rigidez, a la inflexibilidad, a la negación de nuestra propia humanidad. Nos hace creer que podemos controlarlo todo, que podemos predecirlo todo, que podemos evitar el dolor a cualquier precio. Pero el dolor es parte de la vida, es el precio que pagamos por amar, por sentir, por vivir. Y evitar el dolor significa evitar la vida misma.

«El universo es cambio; nuestra vida es lo que nuestro pensamiento hace de ello.»
Marco Aurelio

Marco Aurelio, el emperador filósofo, escribió estas palabras en un momento de gran turbulencia en su vida y en el mundo. Pero en lugar de cerrarse, en lugar de resistir, optó por aceptar, por entender, por encontrar el camino en medio del caos. Y es eso lo que nos invita a hacer: a aceptar el cambio, a aceptar la incertidumbre, a aceptar la vida tal como viene.

La fuerza de la aceptación

Aceptar no es rendirse.

Aceptar no es dejar de luchar.

Aceptar es elegir vivir con lo que es, en lugar de resistir lo que no puede ser.

Aceptar es una de las decisiones más difíciles y más liberadoras que podemos tomar. Significa reconocer que no controlamos todo, que no podemos hacer que las cosas salgan siempre como queremos. Significa reconocer nuestra propia limitación, nuestra propia vulnerabilidad. Pero también significa reconocer nuestra propia fuerza, nuestra propia capacidad para enfrentar lo que venga, para aprender de lo que venga, para crecer con lo que venga.

La aceptación nos permite vivir en el presente, en lugar de vivir en el pasado o en el futuro. Nos permite disfrutar de los momentos buenos, en lugar de temer los momentos malos. Nos permite conectar con los demás, en lugar de aislarnos detrás de nuestras defensas. La aceptación es el camino hacia la paz, hacia la serenidad, hacia la verdadera libertad.

«La vida es 10% lo que te sucede y 90% cómo reaccionas a ello.»
Charles R. Swindoll

Charles R. Swindoll nos recuerda que la vida no es lo que nos sucede, sino cómo respondemos a lo que nos sucede. Y es en esa respuesta donde reside nuestra verdadera poderosa. Podemos elegir cómo reaccionamos, cómo pensamos, cómo sentimos. Podemos elegir enfrentar los desafíos con valentía, con gratitud, con amor. O podemos elegir escondernos, resistir, negar. La elección es nuestra.

El poder de la elección

La elección es poder.

La elección es libertad.

La elección es vida.

Cada día, cada momento, somos confrontados con elecciones. Elecciones pequeñas, elecciones grandes. Elecciones que parecen insignificantes, elecciones que parecen decisivas. Pero todas ellas tienen el poder de cambiar nuestra vida, de cambiar quiénes somos, de cambiar hacia dónde vamos.

La elección es el reflejo de nuestra integridad, de nuestra autenticidad, de nuestra valentía. La elección es el acto de asumir responsabilidad por nuestra propia vida, por nuestros propios sentimientos, por nuestros propios pensamientos. La elección es el acto de decir «sí» a lo que queremos, a lo que somos, a lo que creemos.

Y es en esas elecciones, en esos «sí», donde encontramos nuestra verdadera fuerza, nuestra verdadera pasión, nuestra verdadera razón de ser. Es en esas elecciones donde encontramos el coraje de vivir, de amar, de ser. Es en esas elecciones donde encontramos la vida misma.

El camino hacia adelante

Mañana, cuando te despiertes, tendrás una elección que hacer.

Puedes elegir seguir adelante, o puedes elegir quedarte atrás.

Puedes elegir vivir, o puedes elegir sobrevivir.

La vida es un camino, no un destino. La vida es un viaje, no una llegada. Y en cada paso de ese camino, en cada momento de ese viaje, tenemos la oportunidad de elegir. Elegir cómo vivimos, cómo amamos, cómo somos. Elegir si queremos seguir adelante, o si queremos quedarnos atrás.

Así que mañana, cuando te mires al espejo, mírate a los ojos. Di tu nombre en voz alta. Como si te presentaras a alguien que merece conocerte. Porque lo merece. Mereces conocerte, mereces amarte, mereces vivir. Y es en ese conocimiento, en ese amor, en esa vida, donde encontrarás el poder, la libertad, la verdadera fuerza para levantarte cuando nadie te tiende la mano.

Deja un comentario

Comentarios

No hay comentarios aún. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *