La puerta se cierra.
El silencio es ensordecedor.
Y tú te das cuenta de que esperabas un adiós que nunca llegó.
El cierre es un tema delicado en nuestras vidas. A veces lo buscamos desesperadamente, otras veces lo tememos. Pero en este artículo, queremos hablar de un tipo de cierre que no siempre se aborda: el cierre que no llega de quien esperas. Esas personas que se van sin decir adiós, que dejan vacíos sin explicaciones. ¿Por qué sucede esto? ¿Y cómo podemos aprender a aceptar y seguir adelante?
La espera eterna
La espera es un arte.
Un arte que requiere paciencia.
Paciencia para esperar algo que puede que nunca llegue.
La espera eterna es un sentimiento con el que muchos de nosotros nos identificamos. Esperamos a que alguien nos llame, nos escriba, nos explique lo que sucedió. Pero a medida que pasan los días, las semanas, los meses, comenzamos a darnos cuenta de que ese cierre que esperábamos puede que nunca llegue. Y es ahí donde comienza el dolor. El dolor de la incertidumbre, el dolor de no saber, el dolor de sentir que no fuiste lo suficientemente importante como para merecer un adiós.
Epicteto, un filósofo estoico, dice: «No te preocupes por lo que no puedes controlar». Pero ¿cómo no preocuparse cuando sientes que tu vida está en manos de alguien más? ¿Cómo no esperar cuando crees que la otra persona tiene la clave para tu felicidad? La respuesta es que no la tiene. La felicidad no depende de los demás, depende de nosotros mismos. Y es hora de que comencemos a entender esto.
«La vida es muy corta para perder el tiempo en cosas que no nos importan.»
— Ryan Holiday
Ryan Holiday nos recuerda que la vida es corta, y que no podemos perder el tiempo en cosas que no nos importan. ¿Y qué es más importante que nuestra propia felicidad? Nuestra propia paz interior. Nuestra propia libertad. Es hora de que comencemos a enfocarnos en lo que realmente importa, y no en lo que los demás hacen o dejan de hacer.
El dolor de la aceptación
El dolor es un proceso.
Un proceso que duele.
Pero que también nos hace crecer.
El dolor de la aceptación es uno de los dolores más difíciles de enfrentar. Aceptar que algo ha terminado, que alguien se ha ido, que no habrá un cierre. Es como si nuestro corazón se negara a creer que es así. Pero la verdad es que, a veces, la aceptación es la única forma de seguir adelante. La aceptación de que las cosas no salieron como queríamos, de que no todos los capítulos de nuestra vida tendrán un final feliz.
Marco Aurelio, emperador romano y filósofo estoico, escribió: «La vida es una serie de choques y sacudidas». Y es cierto. La vida no es un camino recto y llano, sino un camino lleno de curvas y giros inesperados. Pero es en esos momentos de sacudida cuando podemos elegir cómo reaccionar. Podemos elegir entre quedarnos atrapados en el dolor, o usar ese dolor como catalizador para crecer y seguir adelante.
«El universo no se preocupa por tus sentimientos.
— Nassim Taleb
Nassim Taleb nos recuerda que el universo no se preocupa por nuestros sentimientos. Que la vida sigue adelante, con o sin nosotros. Y es ahí donde comienza nuestra libertad. La libertad de elegir cómo vivimos, cómo amamos, cómo nos recuperamos de los golpes. La libertad de ser dueños de nuestras propias vidas, y no esclavos de las circunstancias.
La libertad de seguir adelante
La libertad es un regalo.
Un regalo que nos damos a nosotros mismos.
Un regalo que nos permite seguir adelante.
La libertad de seguir adelante es un regalo que nos damos a nosotros mismos. Un regalo que nos permite dejar atrás el dolor, la tristeza, la incertidumbre. Un regalo que nos permite enfocarnos en lo que realmente importa: nuestra propia felicidad, nuestra propia paz interior, nuestra propia libertad. Y es ahí donde comienza el verdadero cierre. El cierre de un capítulo, el cierre de una puerta, el cierre de un corazón que se ha mantenido cerrado durante demasiado tiempo.
Brené Brown, investigadora y escritora, dice: «La vulnerabilidad es la puerta a la libertad». Y es cierto. La vulnerabilidad es lo que nos permite ser auténticos, ser honestos, ser libres. La vulnerabilidad es lo que nos permite quitarnos la máscara y mostrar nuestro verdadero rostro al mundo. Y es ahí donde comienza la verdadera conexión con nosotros mismos y con los demás.
«La verdadera libertad es la libertad de ser uno mismo.»
— Viktor Frankl
Viktor Frankl nos recuerda que la verdadera libertad es la libertad de ser uno mismo. La libertad de ser auténtico, de ser honesto, de ser libre. Y es ahí donde comienza el verdadero cierre. El cierre de un capítulo, el cierre de una puerta, el cierre de un corazón que se ha mantenido cerrado durante demasiado tiempo.
El adiós que nos damos a nosotros mismos
El adiós es un proceso.
Un proceso que duele.
Pero que también nos hace crecer.
El adiós que nos damos a nosotros mismos es el adiós más difícil de todos. Es el adiós a la esperanza, al dolor, a la incertidumbre. Es el adiós a la idea de que las cosas podrían haber sido de otra manera. Pero es también el adiós que nos permite seguir adelante, que nos permite enfocarnos en lo que realmente importa, que nos permite ser dueños de nuestras propias vidas.
Así que mañana, cuando te mires al espejo, mírate a los ojos. Di tu nombre en voz alta. Como si te presentaras a alguien que merece conocerte. Porque lo merece. Mereces ser conocido, mereces ser amado, mereces ser libre. Y es ahí donde comienza el verdadero cierre. El cierre de un capítulo, el cierre de una puerta, el cierre de un corazón que se ha mantenido cerrado durante demasiado tiempo.
Es hora de que comencemos a vivir.
