Estás cansada de fingir que todo está bien.

Estás cansada de sonreír cuando duele.

Estás cansada de ser la fuente de energía para todos menos para ti.

La realidad es que vivimos en un mundo que valora la productividad y la constancia, pero a menudo a expensas de nuestra propia salud mental y física. Nos dicen que debemos ser fuertes, que no debemos mostrar debilidad, y que siempre debemos estar dispuestas a dar un poco más. Pero, ¿qué sucede cuando no podemos más? ¿Qué sucede cuando el peso de nuestras responsabilidades y expectativas se vuelve demasiado grande para soportar?

El peso de la responsabilidad

Llevas años siendo la roca para tus seres queridos.

Llevas años siendo la que siempre tiene una solución.

Llevas años olvidando que tú también necesitas ser salvada.

La carga de la responsabilidad puede ser abrumadora. Nos sentimos obligadas a cuidar de todos a nuestro alrededor, a ser la fuente de apoyo y consuelo, sin importarnos si estamos agotadas o no. Pero, ¿qué sucede cuando no podemos más? ¿Qué sucede cuando el peso de la responsabilidad se vuelve demasiado grande para soportar? La respuesta es simple: soltamos. Soltamos el control, soltamos la necesidad de ser perfectas, y soltamos la carga que nos ha estado agobiando durante tanto tiempo.

Como dice Marco Aurelio: «Tienes poder sobre tu mente, no sobre los eventos externos.» Esto significa que, aunque no podamos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, podemos controlar cómo respondemos a ello. Podemos elegir dejar ir la ansiedad y el estrés, y encontrar la paz interior en medio del caos. La pregunta es, ¿cómo hacemos esto?

«No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho.»
Séneca

Séneca escribió esto hace 2000 años, y sigue siendo relevante hoy en día. La idea es que no es que no tengamos tiempo, sino que malgastamos el que tenemos en cosas que no nos importan. Nos enfocamos en lo que los demás piensan de nosotros, en lugar de enfocarnos en lo que realmente importa: nuestra propia felicidad y bienestar.

La importancia de soltar

Recuerdas la última vez que te permitiste ser vulnerable.

Recuerdas la última vez que te permitiste sentir.

Recuerdas la última vez que te permitiste ser Humana.

Soltar es liberador. Soltar es dejar ir la necesidad de controlar todo, de ser perfectas, de tener todas las respuestas. Soltar es permitirse ser humanas, con todas nuestras debilidades y defectos. Y es en este momento de soltar que podemos encontrar la verdadera libertad. La libertad de ser nosotras mismas, sin apologyzar por quiénes somos.

Pero, ¿cómo soltamos? ¿Cómo dejamos ir la carga que nos ha estado agobiando durante tanto tiempo? La respuesta es simple: con compasión. Con compasión hacia nosotras mismas, hacia nuestros errores y debilidades. Con compasión hacia los demás, y hacia sus propias luchas y batallas. Y es en este momento de compasión que podemos encontrar la verdadera conexión con nosotras mismas y con los demás.

«La compasión es la capacidad de compartir el sufrimiento de los demás.»
Brené Brown

Brené Brown dice que la compasión es la capacidad de compartir el sufrimiento de los demás. Pero, ¿cómo compartimos el sufrimiento de los demás si no podemos compartirla con nosotras mismas? La respuesta es que no podemos. Debemos primero ser compasivas con nosotras mismas, antes de poder serlo con los demás.

La conexión con nosotras mismas

Te has pasado años buscando la validación en los demás.

Te has pasado años intentando encajar en la idea de alguien más.

Te has pasado años olvidando que la única validación que necesitas es la tuya propia.

La conexión con nosotras mismas es la clave para encontrar la verdadera felicidad y satisfacción. Es la conexión con nuestras propias necesidades, deseos y sueños. Es la conexión con nuestra propia voz y nuestro propio corazón. Y es en este momento de conexión que podemos encontrar la verdadera libertad.

Pero, ¿cómo nos conectamos con nosotras mismas? ¿Cómo encontramos la conexión que hemos estado buscando durante tanto tiempo? La respuesta es simple: con silencio. Con silencio y quietud, podemos escuchar nuestra propia voz, y encontrar la conexión que hemos estado buscando.

La acción concreta

Mañana, cuando te mires al espejo, mírate a los ojos.

Di tu nombre en voz alta.

Como si te presentaras a alguien que merece conocerte.

Porque lo merece. Tú mereces conocerte a ti misma, mereces escucharte a ti misma, y mereces amarte a ti misma. Y es en este momento de amor y aceptación que puedes encontrar la verdadera conexión con nosotras mismas, y con el mundo que nos rodea.

Así que, ¿qué vas a hacer mañana? ¿Vas a seguir siendo la fuente de energía para todos menos para ti? ¿O vas a tomar el control de tu propia vida, y encontrar la conexión que has estado buscando durante tanto tiempo? La elección es tuya. Pero, recuerda, la diferencia entre rendirte y soltar lo que no funciona es que soltar es liberador, y rendirte es agotador. Elije liberarte. Elije soltar. Elije ser tú misma.

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