Desperté en medio de la noche con el mismo pensamiento que me ha acompañado durante años.
El mismo miedo a no ser suficiente.
La misma pregunta que me hago cada día: ¿qué pasaría si me permito dejar ir?
La oscuridad de la habitación parecía tragarme entera, y el silencio era ensordecedor. Me senté en la cama y miré alrededor, tratando de encontrar algo que me distrajera de mis pensamientos. Pero todo lo que veía me recordaba a las personas y las situaciones que me habían llevado a este punto. El punto en el que me cuestionaba si valía la pena seguir intentando. Si valía la pena seguir dando sin recibir nada a cambio.
El peso que nadie ve
Llevas años cargando.
Años sonriendo.
Años mintiendo.
No a los demás. A ti misma. Cada vez que dijiste «estoy bien» con la mandíbula apretada. Cada vez que tragaste lo que realmente querías decir para no incomodar. El cuerpo tiene memoria. Guarda todo lo que la mente intenta olvidar. Por eso te despiertas cansada aunque dormiste 8 horas. El agotamiento no es físico — es el peso de todo lo que no te permitiste sentir.
Recuerdo cuando era niña y mi madre me decía que no llorara, que no mostrara mis emociones. Me decía que era fuerte y que podía manejar cualquier situación. Y así crecí, aprendiendo a guardar mis sentimientos y a sonreír aunque me estuviera muriendo por dentro. Pero un día me di cuenta de que no era solo mi madre quien me pedía que hiciera eso. Era la sociedad en general. Era el mensaje que recibimos desde pequeñas: que debemos ser fuertes, que debemos ser valientes, que debemos ser perfectas.
«No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho.»
— Séneca
Séneca escribió esto hace 2000 años. Sin WhatsApp. Sin jefes mandando emails a las 11pm. Y entendía que el tiempo no se pierde en horas — se pierde en energía regalada a quien no la merece. ¿Cuánto de tu tiempo has regalado a quien no lo merecía? ¿Cuántas veces has dicho «sí» cuando querías decir «no»? ¿Cuántas veces has sonreído cuando querías llorar?
El día que entendí que no todo el mundo merece mi energía
Lo diste todo.
Otra vez.
Y otra vez no fue suficiente para ellos.
¿Cuándo va a ser suficiente para ti? Esa es la pregunta que evitas cada noche antes de dormir. La respuesta es simple: cuando te des cuenta de que no todos merecen tu energía. Cuando te des cuenta de que no todos merecen tu tiempo. Cuando te des cuenta de que no todos merecen tu amor. Es un proceso difícil, pero es necesario. Es necesario aprender a decir «no» sin sentirte culpable. Es necesario aprender a priorizar tu propio bienestar.
Recuerdo cuando era adolescente y pensaba que el amor era sacrificarlo todo por la persona que amaba. Pensaba que el amor era dar y dar sin recibir nada a cambio. Pero con el tiempo me di cuenta de que eso no es amor. Eso es codependencia. Eso es falta de autoestima. El amor es respeto mutuo. El amor es comunicación abierta. El amor es priorizar el bienestar de ambos.
«Tienes poder sobre tu mente, no sobre los eventos externos.»
— Marco Aurelio
Marco Aurelio gobernaba un imperio. Guerras, traiciones, pandemias. Y por las noches escribía esto: «Tienes poder sobre tu mente, no sobre los eventos externos». No te lo dice como gurú. Te lo dice como alguien que enfrentó lo peor y no se rompió. Tú también tienes ese poder. Tú también puedes elegir cómo reaccionas a las situaciones. Tú también puedes elegir cómo te sientes.
El nudo en el estómago del domingo por la noche
El nudo en el estómago del domingo por la noche es real.
El miedo a enfrentar another semana es real.
La sensación de que no estás haciendo lo que debes hacer es real.
Pero ¿qué es lo que debes hacer? ¿Qué es lo que te hace sentir viva? ¿Qué es lo que te hace sentir conectada con tu propósito? La respuesta es diferente para cada persona. La respuesta es encontrar lo que te apasiona y hacerlo. La respuesta es encontrar lo que te hace sentir orgullosa y hacerlo. La respuesta es encontrar lo que te hace sentir conectada con tu corazón y hacerlo.
Recuerdo cuando era niña y mi padre me decía que debía estudiar para ser médica o abogada. Me decía que esas eran las profesiones que me darían estabilidad y seguridad. Pero yo no quería ser médica ni abogada. Yo quería ser artista. Yo quería ser escritora. Yo quería ser música. Y así crecí, luchando contra la presión de mis padres y de la sociedad para ser lo que ellos querían que fuera. Pero un día me di cuenta de que no podía seguir viviendo la vida de los demás. Me di cuenta de que debía seguir mi propio camino.
La sonrisa automática que ya ni sientes
La sonrisa automática que ya ni sientes es un reflejo.
Un reflejo de la persona que solías ser.
Un reflejo de la persona que todavía puedes ser.
Mañana, cuando te mires al espejo, mírate a los ojos. Di tu nombre en voz alta. Como si te presentaras a alguien que merece conocerte. Porque lo merece. Mereces conocer la persona que eres sin la máscara de la sociedad. Mereces conocer la persona que eres sin la presión de los demás. Mereces conocer la persona que eres sin el miedo a no ser suficiente.
Así que hazlo. Hazlo ahora. Hazlo mañana. Hazlo cada día. Porque cada día es una oportunidad para empezar de nuevo. Cada día es una oportunidad para elegir quién quieres ser. Cada día es una oportunidad para encontrar tu propósito. Cada día es una oportunidad para encontrar tu pasión. Cada día es una oportunidad para encontrar tu corazón.
